Una transición energética real

 En Editorial

Por Sebastián Ainzúa Auerbach.

Durante estos días hizo noticia el anuncio del gobierno de comenzar la descarbonización de la matriz eléctrica.

Se ha dicho mucho respecto de la falta de ambición en la medida, calificada como insuficiente, tardía y envuelta en un halo de pirotecnia sin resultados reales en el cambio de dirección de la política energética.

En política ocurre a menudo que las medidas son efectistas, no efectivas.

Alguien podría decir, con cierta razón, que por alguna parte hay que empezar…  Y, claro, el anuncio del gobierno es una señal política, pero lamentablemente eso no es tan claro que sea efectiva.

Con esto, no queremos decir que no sea importante cerrar estas centrales. ¡Claro que hay que cerrarlas! Porque son fuentes de contaminación local, son causantes de muertes prematuras, que generan gases de efecto invernadero y aumentan de la temperatura de las fuentes de agua aledañas… entre otros impactos. Sin embargo, no basta con cerrar algunas centrales:  requerimos una política real de transición energética.

Recordemos que la Política Energética es un apéndice del modelo de desarrollo… Es una respuesta al énfasis industrial o productivo de un país. Es decir, el sistema energético es concebido como un proveedor de servicios para garantizar la actividad económica y la calidad de vida de su población

Bajo esa perspectiva, deberíamos hacer una revisión completa tanto de la producción de energía (por ejemplo, las termoeléctricas) como de la demanda de energía. Porque, claro, tenemos que ser precisos: el cierre de centrales no significa reducción de consumo de energía… solo habrá sustitución.  

Y la pregunta es: ¿desde qué fuente se extraerá? ¿será vía hidroelectricidad? Plantas solares? ¿Usaremos gas como sustituto al Carbón?

Esa no es una pregunta trivial… por varias al menos dos razones:  primero, porque se ha escuchado muchas veces que el “el gas natural” es un combustible limpio que podría permitir la transición… pero el gas no es limpio cuando está extraído, por ejemplo, a través de técnicas de fractura hidráulica. Es segundo lugar… hay un problema de magnitudes. En estos casos, el tamaño sí importa.

Es decir, no basta con sustituir el carbón por la energía solar, es importante pensar en cómo se hace y en qué escala.

Tenemos que estar prevenidos respecto de las falsas soluciones o soluciones a medias: Por ejemplo, ahora se habla de electromovilidad. Es decir, reemplazar vehículos a combustión por vehículos eléctricos… podríamos reducir emisiones, claro que sí, pero que sacamos cambiar 5 millones de vehículos contaminantes por otros 5 millones menos contaminantes. La política debería ser una combinación entre reemplazo y disminución. Adicionalmente, la electromovilidad implica una mayor demanda de baterías y por consiguiente una mayor extracción de litio… con sus respectivos impactos.

En suma, una transición real deber ser integral. Deberíamos poner énfasis en todas las fases del proceso productivo, tanto la oferta como la demanda.

Una mirada integral debe alertarnos sobre los potenciales impactos colaterales de las políticas que incluso siendo bien intencionadas, puede implicar problemas tan grandes como los que se busca combatir.

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