Terminó la COP25… Al menos para Chile.

 En Editorial

Una aventura que duró menos de un año y que deja una resaca que durará un largo tiempo. 

Tuvimos la oportunidad–ahora cuestionable-  de hacer un aporte real al planeta y la perdimos. 

Quizás estaba perdida desde el principio, pero la obstinada esperanza nos hacía pensar que podía ser de otra forma, que la historia aún no estaba escrita… y que el arrebato del Presidente al solicitar la COP podría ser una buena oportunidad para cambiar un poco, un poquito, la historia. 

Entremedio se vino el estallido social y como ocurre en el mundo de las redes sociales los trending topics o las tendencias cambiaron rápidamente de rumbo. En el caso chileno es entendible porque, a nivel local, veníamos esperando hace rato una efervescencia que cambiara del derrotero de nuestro paso cansado por un cambio pedregoso y seco. 

Sin embargo, por muy esperanzador que fuera lo que pasa a nivel nacional, nos quitó mucha energía para aportar a soluciones a problemas globales y que, además, tienen fuertes repercusiones a nivel nacional. Huelga decir que chile es un país que es muy afectado por cambio climático…

La COP presidida por Chile se fue a España y si bien mucho de ese cambio logístico tuvo impacto en la posibilidad de abordar una COP con mayor ambición, una parte de ésta historia ya estaba escrito. Como esas grandes novelas que en el primer párrafo ya conocemos el desenlace y que solo nos basta con conocer el desarrollo de los acontecimientos. 

Sabemos que la COP ha sido mucho menos de lo que se esperaba –un fracaso rotundo, dicen algunos-  y las causas de este resultado se pueden encontrar en muchas fuentes… 

Unas razones del resultado han sido, sin duda, la improvisación e inexperiencia. Hoy confirmamos lo que ya suponíamos: que es muy difícil prepara una COP con 10 meses de anticipación. No solo en lo logístico, sino principalmente en los aspectos políticos. Las COP requieren un trabajo sistemático de estudio, formación de equipos, gestión diplomática y construcción de alianzas políticas que es muy difícil forjar con tan poco tiempo y, además, con tantas tareas paralelas. 

Más aún, durante mucho tiempo el equipo de negociadores de Chile era muy reducido y para la COP debió reforzarse, con las consecuentes faltas de experiencia de los nuevos equipos.

La crítica y la responsabilidad política en este caso, recae -por cierto- en el Presidente que se precipita a solicitar una COP sin las capacidades técnicas necesarias. En un afán por ser los mejores alumnos del curso terminamos asumiendo roles para los cuales no estábamos preparados. 

Luego están las críticas mismas a la gestión de Chile en la COP. La falta de manejo político, la ingenua gestión de la negociación de pasillo y la nula capacidad para negociar desde el SUR, con espíritu e impronta latinoamericana… aportaron para que no lográramos un acuerdo a la altura de las exigencias.

A eso se suma, por cierto, una presidencia totalmente desacreditada por su falta de coherencia ambiental y climática (Escazú, zonas de sacrificio y un largo etcétera hacían difícil que el discurso de “mayor ambición” tuviera resonancia en los equipos negociadores. 

Pero también pesaba sobre el equipo el descredito por el actuar gubernamental durante la crisis social. 

Un gobierno cuestionado tiene poca fuerza para llevar adelante una agenda ambiciosa. 

Pero los problemas de la COP no son solo causa de Chile. El mundo no termina de convencerse de la necesidad de actuar y la dinámica de consenso de Naciones Unidades impone poder de veto a cualquier miembro que no se sienta cómodo con las nuevas normas. 

Las negociaciones fueron bloqueadas por los grandes emisores. China, Estados Unidos, India y Rusia… y también por los negacionistas del cambio climático. 

NO hay que desconocer que ahí hubo una buena parte del fracaso, porque si los países se hubieran tomado en serio la urgencia climática, se habría hecho esfuerzos por llegar a buen puerto. 

La real politik estudiada por la política internacional se hizo presente una vez más, en momentos que parecieron un suspiro, pero con contundencia de un mazazo hemos vuelto a ver cómo los países privilegiaron defender su política industrial interna en desmedro del “resto”, un resto que a estas alturas parece despreciable. 

La historia dirá que tan fatal ha sido esta “oportunidad perdida…”

… Esperamos, al menos, que la enseñanza de este fracaso, nos permita afrontar nuevos desafíos con más sabiduría y una pisca de conciencia adicional de que cada día, quedan menos opciones para detener este proceso avasallador.

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