Cápsula 2
Alteraciones del clima: La ciencia no engaña

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Por Javiera Valencia. Coordinadora de Ambiente y Clima. Fundación Nodo Social

En 150 años, los seres humanos hemos transformado el clima que, en condiciones normales, podría demorar 82 mil años.

Pero no es un triunfo de la eficiencia, es una derrota de la conciencia.

Hablamos del Cambio Climático Antrópico, porque nos referimos al rol de los humanos en la alteración química de la atmósfera con la emisión de gases, que modifican radicalmente el clima que conocemos en la tierra.

De acuerdo a la Sociedad Planetaria Internacional, la Tierra como planeta tiene 4.56 billones de años. En este periodo se conoce sólo cuatro grandes períodos de alteraciones climáticas, intercalándose grandes glaciaciones y periodos de calentamiento global. Bueno, ahora la acción humana está logrando impactos de similar magnitud, pero podría decirse, de modo express.

Hay personas que niegan que exista un proceso acelerado de cambio climático. Y su argumento es que históricamente “la tierra ya ha experimentado alteraciones en el clima”.

Ahora, en sólo un siglo, lo que en tiempo planetario es apenas un parpadeo, la humanidad ha generado una transformación del paisaje terrestre mayor que cualquier otra especie. Nuestro modo de vida y los patrones de consumo han logrado que el clima cambie a una velocidad incomparable.

¿y cómo lo hemos logrado?

La atmósfera está compuesta en un 99,9% de nitrógeno, oxígeno y Argón.  El 0,1% restante, son otros gases… y es este pequeño porcentaje donde están los “gases efecto invernadero” que causan estragos planetarios.

Tal como en un invernadero, estos gases atrapan el calor de los rayos solares y calientan aún más el planeta. Y que hemos aumentado considerablemente la concentración de estos gases (el dióxido de carbono, o metano) por actividades humanas como la quema de combustibles fósiles, las actividades agrícolas, deforestación o los cambios en el uso de la tierra.

Al aumentar la temperatura del planeta, estamos hablando de un calentamiento global que genera una alteración en el clima. Comenzamos a hablar de “cambio climático” porque se desestabiliza la atmósfera a una gran velocidad y con ello clima que conocemos como “normal”.

En nuestro planeta todo está conectado: al aumentar la temperatura del globo, se derriten los glaciares y los polos, con ello aumenta el nivel del mar; también se calientan los océanos y se altera el ph y su temperatura, afectando el hábitat de múltiples especies marinas y terrestres.

Con el calentamiento global las aguas que se tornan más cálidas en los océanos, que al interactuar con una masa de aire cálida generan tornados –como los que vimos hace pocos días en Chile… fenómenos propios de un cambio climático. Este desequilibrio también produce grandes lluvias en algunas zonas y sequías extremas, en otras.

No todas las especies logran adaptarse a la suma de cambios, es por eso que evidenciamos la pérdida de biodiversidad, cambios en la producción de alimentos, migraciones de animales, plantas y humanos; apariciones de plagas y nuevas enfermedades como el virus zica o dengue en nuestro país… y así una larga serie de fenómenos que nos tienen hoy en un punto de inflexión a nivel mundial.

Detener esas alteraciones del clima es el reto más grande que enfrenta la humanidad.

Por ello es esencial – ¡esencial!- que los países del mundo logren ponerse de acuerdo en acciones concretas para reducir- ¡pero, de una buena vez!- la emisión de gases de efecto invernadero.

La ciencia ha dicho que este proceso tiene que ser acelerado.

No tenemos tiempo. Es ahora.

O definitivamente no será.

Y en Santiago, durante la COP25, habrá una oportunidad para que, con real ambición y compromiso por el cambio, protejamos la vida y el equilibrio planetario. No podemos fallar esta vez.

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